La Voz de César Vidal

Editorial: ¿Sobrevivirán las monarquías europeas? - 21/11/25

César Vidal

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Por César Vidal.

https://www.cesarvidal.tv/editorial/videos/sobreviviran-las-monarquias-europeas-21-11-25


En este editorial, César Vidal analiza la fragilidad actual de las monarquías europeas tomando como punto de partida la caída de la monarquía española en 1931. A través de un recorrido histórico que abarca desde las elecciones municipales que precipitaron la Segunda República hasta la situación contemporánea de las casas reales del norte y del oeste de Europa, Vidal expone cómo instituciones antaño consideradas sólidas atraviesan ahora una profunda crisis de legitimidad, ejemplaridad y estabilidad.

El editorial aborda los casos de Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda y, especialmente, la debilitada monarquía británica, marcada por escándalos, tensiones internas y un progresivo deterioro institucional. También analiza el 50º aniversario de la restauración de la monarquía en España, subrayando la ausencia del rey Juan Carlos y la erosión de un modelo cuyo futuro es incierto.

A juicio de Vidal, la combinación de crisis económicas, inmigración masiva, pérdida de arraigo histórico y la sumisión a la agenda globalista está acelerando el desgaste de las monarquías europeas, dejando como únicas supervivientes —por ahora— a las de carácter teocrático como Marruecos o los reinos del Golfo.

Un recorrido histórico y geopolítico que concluye con una advertencia clara: ninguna institución es eterna, y la estabilidad asociada a la monarquía es hoy más frágil que nunca.

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La voz con César Vidal, desde el exilio. Muy buenos días, very buenas noches, and this. Soy César Vidal. Hoy is the 21th of 2025, and I dirige to the Hispanoparlans of ambiguous hemispheres, to the one and the other side of the Atlantic and Pacific, and I am. Frente a 5.775 concejales republicanos, losárquicos obtuvieron 22.150, es decir, el voto monárquico prácticamente cuadruplicó el republicano. A pesar de todo, los políticos monárquicos, los miembros del gobierno, salvo dos, los consejeros de Palacio y los dos mandos militares decisivos, Berenguer y Sanjurjo, consideraron que el resultado tenía que interpretarse como un plebiscito y que además implicaba un apoyo extraordinario para la República y un desastre para la monarquía. El hecho de que la victoria republicana hubiera sido urbana, como en Madrid, donde el concejal socialista Savorí hizo votar por su partido a millares de muertos, pudo contribuir a esa sensación de derrota, pero no influyó menos en el resultado final la creencia, que no se correspondía con la realidad, de que los republicanos podían dominar la calle. Durante la noche del 12 al 13 de abril, el general Sanjurjo, a la sazón al mando de la Guardia Civil, dejó de manifiesto por telégrafo que no contendría un levantamiento contra la monarquía, un dato que los dirigentes republicanos conocieron inmediatamente gracias a los empleados de Correos adictos a su causa. Ese conocimiento de la debilidad de las instituciones constitucionales explica de sobra que cuando Romanones y Gabriel Maura, con el expreso consentimiento del rey, ofrecieron al Comité Revolucionario unas elecciones a cortes constituyentes, éste las rechazara. A esas alturas, sus componentes habían captado el miedo del adversario y, en un gesto de rentable audacia, exigieron la marcha del rey antes de la puesta del sol del 14 de abril, alegando que no podían garantizar su seguridad ni la de su familia. Lo que se produjo entonces fue un desfondamiento de la corona que resultaría fatal. A él pudieron contribuir que el rey sufría aún una depresión fruto de la muerte de su madre, que la reina temía que sus hijos corrieran el trágico destino de la familia del zar y que los políticos constitucionalistas aceptaron capitular. Fuera como fuese, lo cierto es que de esa manera el sistema constitucional desapareció de forma más que dudosamente legítima y se proclamó la Segunda República. La institución monárquica, que había estado presente como tal en España desde el siglo V, acababa de desaparecer, dejando de manifiesto que ninguna institución es eterna. Pocos podían intuir entonces que lo que vendría a continuación sería una república que apenas duraría una década, una guerra civil y una dictadura de casi 40 años, que de manera paradójica instauraría de nuevo la monarquía. En las últimas horas hemos tenido nuevas noticias sobre las posibilidades de supervivencia de las monarquías europeas. Sin ánimo de ser exhaustivos, los hechos son los siguientes. Primero, cuando el mundo está a punto de superar el primer cuarto del siglo XXI, el futuro de las monarquías europeas, contempladas como modélicas hasta hace relativamente poco tiempo, hay que contemplarlo con incertidumbre. Segundo, en Noruega, el rey Harald V, pionero en el matrimonio con una plebeya, desde hace años no desempeña buena parte de sus funciones oficiales que ha ido delegando en su hijo Jacón, casado con otra plebeya que además es madre soltera. Tercero, por su parte, la princesa Marta Luisa está casada con Derek Berrett, un chamán americano bisexual que provoca todavía más dudas sobre la supervivencia de la monarquía. Cuarto, la princesa Marta Luisa tiene un triste historial donde parece que está ausente su capacidad para desempeñar sus funciones de manera que asiente la monarquía. Quinto, peor todavía es el caso de la monarquía británica, siempre presentada como un modelo de estabilidad, especialmente después de que el príncipe Andrés, a consecuencia del escándalo Epstein, haya sido privado de su rango para convertirse en Mr. Andrew Mountbatten Windsor. Sexto, de manera bien significativa, el hermano del rey Carlos III ha perdido todos sus títulos sin haber sido condenado previamente por delito alguno, y su castigo implica quizá el último residuo del poder absoluto de la monarquía al poder castigar a uno de los suyos sin proceso previo. Séptimo, en paralelo, el actuar monarca británico Carlos III recuerda considerablemente la figura de Francisco José de Austria-Hungría, un rey demasiado mayor que reina en un país abiertamente en crisis como paso previo a la disolución del imperio en medio de una crisis económica imparable, unas tensiones étnicas considerables y un ahondamiento profundo de las discrepancias regionales. VIII, a lo anterior se une un príncipe Guillermo que parece totalmente desprovisto de las cualidades positivas que hayan podido mostrar sus padres. Noveno, en no mejor posición están el príncipe Jorge, la princesa Carlota o el príncipe Archie de Saxes. En Holanda, el rey Guillermo Alejandro contrajo también matrimonio con una plebeya, la argentina Máxima Zorregieta, hija de un colaborador de la dictadura militar del general Videla. Guillermo Alejandro es una figura de primer orden en cuestiones como el suministro de agua, pero el futuro de la monarquía holandesa en una nación desbordada por la inmigración ilegal no resulta seguro. Un décimo. Carlos XVI Gustavo de Suecia es el rey con menos poderes de entre todos los reyes constitucionales europeos y fue de los primeros que se casaron con una plebeya. Su permanencia está vinculada especialmente con la manera en que Suecia se está convirtiendo, a causa de la inmigración ilegal, en una nación fallida. Duodécimo. Más delicada es la situación de la monarquía danesa desde noviembre de 2023, cuando Federico de Dinamarca, entonces príncipe heredero, fue sorprendido en Madrid con la socialité mexicana Genoveva Casanova saliendo al día siguiente de su domicilio. Federico está casado con otra plebeya, Mary Donaldson. Décimo tercero, la reacción de la reina Margarita de Dinamarca fue anunciar a los pocos meses la abdicación, dejando la corona en manos de Federico. La medida garantizó la sucesión, pero no solventó una crisis matrimonial que no ha dejado de ahondarse y que puede acabar con la institución monárquica. Décimo cuarto. Hoy se ha celebrado en España el 50 aniversario de la instauración de la monarquía. De forma bien significativa, el acto en que se recordaba el evento y en el que se impuso el Toisón de Oro a la Reina Sofía y a tres políticos españoles no contó con la presencia del rey Juan Carlos, verdadero protagonista del periodo de la transición y de la consolidación de la monarquía. Y X, el aislamiento del rey Juan Carlos se ha venido manteniendo desde su abdicación hace ya varios años, y ha tenido como artífice principal al actual rey Felipe, casado también con una plebeya, Leticia Ortiz, que según las memorias del rey Juan Carlos no ha contribuido precisamente a mejorar las relaciones entre los miembros de la Casa Real. La historia de las monarquías europeas constituye un fenómeno ciertamente apasionante. Si a inicios del siglo XVI todos los monarcas europeos eran absolutos, la reforma protestante fue llevando a las monarquías que quedaron en su territorio a adoptar modelos de carácter crecientemente constitucional. A finales del siglo XVIII resultaba obvio que las monarquías protestantes habían sabido adaptarse, convirtiéndose en constitucionales en mayor o menor medida, mientras que las monarquías católicas se mantenían firmemente ancladas en el absolutismo. La Revolución Francesa, iniciada en julio de 1789, provocó no solo el derrocamiento del rey más importante de Europa Occidental, sino también su ejecución en la guillotina y la proclamación de la República. Durante el siglo XIX, las monarquías católicas, como las de España, Portugal, Francia, Austria y los distintos reinos italianos, irían cediendo en sus características absolutistas en favor de modelos con cierta impronta liberal en un intento desesperado de supervivencia, una supervivencia que no era en absoluto cuestionada en un norte protestante y constitucional. Durante las décadas de los años 30 y 40 del siglo XX, las monarquías católicas fueron desapareciendo fundamentalmente como consecuencia de movimientos populares, como fueron la proclamación de la Segunda República en España o el referéndum sobre la forma de Estado en Italia tras la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, la suerte de la monarquía pareció feliz solo en el norte de Europa y destacando de manera especial la británica. Las últimas décadas no han sido fáciles para las instituciones monárquicas. La monarquía solo fue reinstaurada en España y por decisión de un dictador, mientras que la monarquía británica pasaba por una crisis creciente y las monarquías nórdicas pretendían renovarse mediante la sucesión de matrimonios con plebeyas. Este gesto, que en un primer momento parecía rejuvenecer a las monarquías, ha terminado revelándose después como un verdadero talón de Aquiles, al tratarse en algunos casos de mujeres que no cuentan con la debida preparación para ser reinas de manera cabal. En el caso de España, además ha significado el quebrantamiento de una norma secular que implica que un potencial heredero de la corona, como en su día lo fue el príncipe Felipe o la infanta Cristina, no puede casarse con ninguna persona que no pertenezca a una casa soberana, ni siquiera con un grande de España. Con el paso del tiempo, por lo tanto, la monarquía ha ido desapareciendo de Europa, en el Este, a causa del avance del comunismo tras la Segunda Guerra Mundial. Solo se ha restaurado en España hace 50 años, y solo se ha mantenido sólida en naciones de raigambre protestante. Sin embargo, nada hace pensar actualmente que la institución monárquica pueda ya sobrevivir de manera prolongada. De entrada, la estabilidad que se relacionaba con la institución monárquica ha ido desapareciendo, especialmente a causa de la inmigración ilegal en las naciones del norte de Europa, dotadas durante décadas de un enorme nivel de bienestar que superaba holgadamente al de los mismos Estados Unidos. El intento de los monarcas ha sido entonces mantener a la institución a costa de someterla a la agenda globalista, asumiendo incluso algunos de sus aspectos más aberrantes como la ideología de género. Sin embargo, nada indica que esa sumisión vaya a constituir garantía de permanencia. Del monarca no se espera gobierno desde hace siglos, pero otros aspectos relacionados con él, desde la vistosidad a la ejemplaridad, pasando por la raigambre en la historia y la solidez institucional, se han ido marchitando poco a poco en medio de escándalos matrimoniales, quejas por el coste de la institución, que salvo en el caso de Gran Bretaña suele ser más barata que una república, y sobre todo la erosión de un estado del bienestar que podía ser calificado de ejemplar y que no está sobreviviendo airosamente a la inmigración masiva. A medida que naciones como Suecia, Holanda, Dinamarca, Noruega o incluso el Reino Unido bordean peligrosamente su final, el futuro de la monarquía se convierte en más inseguro y no es más cierto en una nación como España que avanza a diario hacia la condición de Estado fallido. Llegados a ese punto, es posible que la monarquía solo persista en casos donde conserva un carácter teocrático, como es, por ejemplo, Marruecos, el Vaticano, el Golfo Persico o la Península Arábiga, donde ha mantenido sus características más despóticas en términos históricos. Todo ello si no se produce una caída como la que hace cuatro décadas tuvo lugar in Iran. The history humana enseña muchas lecciones, and one of these is that ninguna institution, absolutely ninguna, is permanente. But no se dejen llevar por el desánimo la frustración, y es que a pesar de que los poderosos muchas veces parecen gigantes, it's solo because se les contempla de rodillas, and ya va siendo hora de ponerse en pie. Mientras tanto, in el tiempo que han necesitado ustedes forestorial, la deuda pública español ha aumentado in más de 7 millones de euros, aunque decir verdad, es algo que no está muy relacionado con la institución monárquica. Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches. Les ha hablado César Vidal desde el exilio. Que Dios los bendiga.

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