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La Psicoteca: Los Peones del Narcisismo y cómo evitar ser su cómplice involuntario - 12/11/25
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Con César Vidal y Miguel Ángel Alcarria.
https://www.cesarvidal.tv/la-psicoteca/videos/los-peones-del-narcisismo-y-como-evitar-ser-su-complice-involuntario-12-11-25
En esta entrega de La Psicoteca, el doctor Miguel Ángel Alcarria y César Vidal analizan uno de los fenómenos psicológicos más destructivos y extendidos de nuestro tiempo: el narcisismo y, especialmente, el papel de quienes lo alimentan —los llamados betas o séquito narcisista—.
El programa arranca explorando por qué vivimos en una sociedad que fomenta el narcisismo: la sobreprotección educativa, la cultura del “porque yo lo valgo”, las redes sociales y el culto a la imagen. Alcarria explica cómo se ha normalizado el egocentrismo y la falta de empatía, incluso bajo ideas erróneas como el “narcisismo sano”.
A partir de ahí, el psicólogo desgrana los diez tipos de betas que orbitan alrededor del narcisista —fiel, temeroso, interesado, redentor, racionalizador, espejo, reflejo, instrumental, culpable y estratégico—, detallando cómo cada uno cumple una función en el ecosistema de manipulación que sostiene el poder del narcisista.
El programa profundiza también en las técnicas psicológicas de control que utilizan los narcisistas —refuerzo intermitente, chantaje emocional, manipulación de la verdad y “luz de gas”— y ofrece claves prácticas para romper el círculo de dependencia, sanar las heridas emocionales y recuperar la autoestima tras una relación tóxica.
Una reflexión imprescindible sobre cómo dejar de ser cómplices del abuso emocional y construir relaciones basadas en el respeto mutuo y la reciprocidad.
La psicoteca con Miguel Ángel Alcarria. Estamos de regreso y estamos de regreso para continuar con ese programa doble y sesión continua que todos los miércoles dedicamos en la voz a la salud. Ya ha estado con nosotros Elena Kalinícova, que como saben ustedes se ocupa de la vida sana, de la existencia saludable, del naturismo. Y saben también que después siempre damos un salto cualitativo, nos vamos a la salud de la psique, nos vamos a la salud de la mente, y hay quien nos echa siempre una mano es Don Miguel Ángel Alcarga, que ya está con nosotros. Don Miguel Ángel, muy buenas noches. ¿Qué nos trae usted hoy?
Educación, Redes Y Cultura Del Ego
Narcisismo “Sano”: Mito Peligroso
Empresa, Autoestima Y Self-Branding
Quiénes Son Los Betas
Por Qué Sostienen Al Narcisista
Tipos De Beta: El Fiel Y El Temeroso
Beta Interesado Y Redentor
Beta Racionalizador Y Espejo
Reflejo, Instrumental Y Culpable
El Beta Estratégico Y La Traición
Reclutamiento Y Refuerzo Intermitente
Chantaje, Desinformación Y Luz De Gas
Adicción Emocional Y Núcleo “Elegido”
Secuelas Y Señales De Alerta
Límites: Decir No Sin Culpa
Responsabilidad Y Reparación
Sanar Vulnerabilidades Y Terapia
SPEAKER_02Muy buenas noches, don César. Muy buenas noches también a la audiencia de la voz. Hablar de narcisismo está de moda. Y no precisamente por tratarse de un fenómeno reciente, sino por su creciente visibilidad en la sociedad actual y porque es un tema recurrente en las redes sociales. Y es que la sensación que impera en la sociedad es que cada vez hay más narcisistas. Y lo cierto es que no vamos mal encaminados. Las cifras son claras: más de un 5% de la población mundial presenta un trastorno narcisista de la personalidad, pero si analizamos las estadísticas a nivel subclínico, el porcentaje es mucho mayor. En concreto, según un estudio de la Universidad de California, entre el 30 y el 40% de la población general muestra rasgos narcisistas significativos, sin llegar a un diagnóstico claro de trastorno de la personalidad. Eso significa 3 o 4 personas de cada 10. Y además, lo que se ha encontrado en estas investigaciones es que en las generaciones más jóvenes es donde ha habido mayor número, mayor aumento de rasgos narcisistas en relación a generaciones anteriores. Nos sorprende, yo creo que no debería. Es la cultura que les hemos transmitido. Hemos creado, hemos educado generaciones narcisistas. Pues lo cierto es que sí, y así lo muestran los datos, y el entorno educativo ha tenido un papel crucial y es que la sobreprotección de los hijos y la falta de corrección ha generado un sentido de superioridad propio solo de narcisistas, que además ha venido a reforzarse en el ámbito escolar, donde parece que no se puede suspender, no se puede reprobar, y pues bueno, siempre por su cara bonita hay que pasarlos de curso. Y finalmente, las nuevas generaciones han interiorizado eso del por qué yo lo valgo. Un mensaje muy peligroso si quieres que los jóvenes se desarrollen de forma equilibrada en relación a sus emociones y su autoestima. A esto hay que sumarle el impacto de las redes sociales, que lo que ha conseguido ha sido amplificar estos rasgos y esta cultura de la que hablábamos. La cultura de la imagen, centrada en la validación externa, ha contribuido al aumento de los rasgos narcisistas en las generaciones más jóvenes y las investigaciones, como decimos, confirman este hecho. Además, como sociedad, nos hemos tragado la idea de que hay un narcisismo sano, un narcisismo positivo. No sé si nuestra audiencia habrá podido escuchar estos conceptos, pero hay quien habla en estos términos, especialmente en el ámbito de la autoayuda, del coaching, el empoderamiento personal, y al menos para los psicólogos, esto no suena horrendo, es horroroso, y quienes usan estos términos no tienen ni idea de lo que hablan. Y lo que sucede con esta defensa de un cierto tipo de narcisismo supuestamente sano o positivo es que solo refuerza ciertos comportamientos destructivos. No olvidemos que el narcisismo, además de ser patológico, es profundamente destructivo, tanto para la propia persona que necesita un poquito de humildad, como para su entorno, que tiene que soportarlo. Estamos normalizando el egocentrismo, la falta de empatía, la instrumentalización de las relaciones, la autoidealización, y esto sí o sí tiene una repercusión en las relaciones personales y en las que no son tan personales, porque en el mundo empresarial también tenemos un exceso de todo esto que está creando diferentes problemáticas en ese entorno. Pero parte de la culpa de todo esto finalmente la tiene una vez más la cultura empresarial. Nadie quiere a nadie que no sepa venderse bien y muchos de los que se venden bien son narcisistas. Por tanto, hemos premiado el narcisismo y lo seguimos premiando. Por poner un ejemplo, hablemos del fenómeno self-branding, la creación de una marca personal. Existen muchos cursos al respecto, y lo que consiste es finalmente en crear una imagen idealizada de ti mismo que sea vendible, y a menudo esa imagen está muy desconectada de la realidad porque se ha creado partiendo de una exageración de los propios logros personales y partiendo de una idea errónea de lo que es tener autoestima. Por tanto, no ganamos nada con el narcisismo fomentando este tipo de valores y creando este tipo de cursos, sino que solo perdemos como sociedad. Pero hoy no vamos a hablar de los narcisistas, que ya hemos dicho que están de moda, sino de sus vetas, del séquito narcisista. ¿Quiénes son los betas? En ocasiones nos puede parecer que son los perritos falderos del narcisista, de hecho, suelen ser aquellos que orbitan alrededor de él, lo admiran, lo defienden, lo justifican. A él todo se le perdona, todos se lo perdonan, pero a los demás no tanto. Se trata de un fenómeno curioso y sin darte cuenta se convierten en cómplices involuntarios de sus abusos. ¿Por qué? Porque los narcisistas no suelen mancharse las manos o al menos no lo hacen en solitario. Y es que los betas son en cierto modo una extensión psicológica del narcisista, una pieza necesaria para que su imperio del ego siga en pie. Alguien que necesita ser admirado necesita un séquito de admiradores, eso es así. Y sin los betas, el narcisista no tendría escenario, ni público, ni aplausos. Y aquí está el punto clave: el narcisista no actúa solo. Detrás de cada narcisista poderoso, manipulador o cruel, suele haber una red de personas que por miedo, por necesidad emocional o simple confusión, le sostienen el teatro. Algunos lo hacen por dependencia emocional, otros por interés, porque de alguna forma les ha puesto el caramelo en la boca, les ha prometido algo que jamás verán, se ha dicho de paso, y muchos simplemente lo hacen porque no son capaces de ver la manipulación que están sufriendo. Pueden pasar años hasta que algunos se den cuenta. Por tanto, los betas, en cierto modo, también son víctimas del narcisista, aunque también colaboradores. Psicológicamente, el beta cumple un papel esencial en la dinámica narcisista. Le refuerza el ego, lo valida constantemente, lo protege de las críticas e incluso ataca a quienes lo intentan confrontar. Parecen los amores platónicos y en cierto modo lo son porque admiran de una forma muy romantizada, muy idealizada, la seguridad que muestra el narcisista en los entornos laborales, por ejemplo, suelen ser compañeros que justifican cualquier abuso del jefe narcisista, muchas veces barra psicópata integrado, también hay que decirlo, con frases como: bueno, es que él es así, o hay que entenderlo, tiene mucha presión. Y en las relaciones personales son quienes defienden al abusador, incluso cuando hay evidencia clara de que el narcisista no hace bien las cosas. Pero, ¿cuál es el origen de tanto poder? Porque hay ciertos narcisistas que parece que tienen un imán que hace que todos bailen a su compás. Pues bien, los estudios lo que muestran es que el poder del narcisista no viene solo de su personalidad, de su carisma, que también, pero solo en parte, sino del sistema relacional que le da permiso para actuar así. Dicho de otra forma, los betas tienen una predisposición a ello. Aunque suene fatal decirlo así. Sin betas el narcisista pierde influencia, por lo que el verdadero peligro y el verdadero poder del narcisista no está solo en su narcisismo o en su carisma, sino en la red de personas que lo sostiene, lo aplaude y calla ante sus abusos. Con esto no queremos decir que los betas sean malas personas, que muchas veces no lo son. Son individuos confundidos, vulnerables, que buscan aprobación o sentido de pertenencia. A menudo se trata de personas empáticas, pero con una autoestima frágil que acaban confundiendo lealtad con su misión y empatía con tolerancia a lo intolerable. Pero no son ciegos. Escogen serlo, justamente por lo dicho, confunden lealtad con su misión y empatía con tolerar y justificar cosas que no son tolerables ni justificables. Y esto el narcisista lo sabe, sabe que puede manipular a su séquito, incluso en ocasiones hasta alardea de ello. Por eso los elige cuidadosamente. Sabe quién lo admira, quién callará, quién justificará su conducta y se rodea de todos ellos para ensalzar su figura. Y poco a poco va tejiendo una red de influencia donde todos cumplen un rol funcional para su ego, porque esas redes, a través de su núcleo duro, pueden extenderse más de lo que creemos. Por eso existen figuras con tanta influencia, ¿no? Y alguno pensará: no podemos meter a todos en el mismo saco, y tienen toda la razón, porque las betas del narcisista no son todos iguales. Existen varios tipos, y aunque cada uno cumple una función distinta, todos terminarán alimentando el mismo sistema: el sistema del poder y el ego narcisista. El primer tipo de beta es el beta fiel, es el más fácilmente reconocible, es el que defiende al narcisista pase lo que pase. Es el que se queda hasta el final, porque es así, en algún momento el narcisista cae en desgracia. El beta fiel es aquel que justifica lo injustificable y que incluso ante la evidencia de un abuso responde con un seguro que no fue para tanto, confío en él, no creo que haya ocurrido como me estás contando, o habrá tenido sus razones. Suele tener un perfil dependiente, inseguro, y necesita creer que el narcisista, esa figura carismática y dominante, representa algo grande a lo que pertenecer. Psicológicamente se siente protegido, amparado, al estar bajo su sombra, pero solo es alguien manipulado a quien de vez en cuando el narcisista da migajas de afecto, de atención, con las cuales se conforma y son la razón por la que el beta sigue esperando bajo la falda del narcisista que llegue esa próxima migaja. El segundo tipo de beta es el beta temeroso. Este no admira tanto al narcisista, pero le teme. Sabe que enfrentarlo puede tener consecuencias, humillaciones, represalias, exclusión social. La amenaza de la exclusión social puede ser muy poderosa porque el narcisista consigue primero aislarte para decirte que él y los suyos son lo mejor que te podría haber pasado, pero para después usar la amenaza de la exclusión social y el miedo a quedarte completamente solo como un arma que es muy efectiva. Así que el beta temeroso se adapta, guarda silencio o incluso actúa en su favor para evitar ser víctima. Este tipo de beta se observa mucho en entornos laborales o familiares donde el narcisista ostenta poder jerárquico o emocional. El tercero es el beta interesado. Este no cree en el narcisista, no sabe que puede que además hace las cosas mal, pero también sabe que puede obtener beneficios al estar cerca de él: ascensos, reconocimiento, estatus, visibilidad. Es por tanto el cómplice más consciente o de los más conscientes que existen. Es un oportunista y, por tanto, se alinea con él con el poderoso, aunque sepa que este es injusto siempre y cuando pueda obtener algo de él. En cuarto lugar, tenemos el beta redentor, que es el beta más empático y codependiente. Cree que puede salvar o cambiar al narcisista con amor, con comprensión, con paciencia, y hasta que ese momento llegue, lo que hace es justificar sus malos tratos pensando que él sufre mucho por dentro or that tiene buen corazón. No es ciego, ve los errores del narcisista, sin embargo, sigue ahí porque todavía guarda una cierta esperanza con respecto a ese narcisista. Puede ser una madre, una esposa, un amigo que cae en la trampa emocional to intentar curar aquello que el propio narcisista no quiere cambiar. El beta redentor suele tener un trasfondo that el amor cuidando, respaldando o complaciendo a otros. For this, frente al narcisista repite su antiguo patron that si me esfuerzo lo suficiente me querrá. Pero eso jamás termina pasando porque en el mundo del narcisista el amor no se gana con ternura ni con entrega, sino por utilidad. Y cuando el redentor deja de ser útil, es descartado o humillado. Paradójicamente, en algunos casos, esto suele reforzar su impulso de ayudar más, and lo que se perpetúa aquí es un ciclo de abuso difícil de romper. Este tipo de beta es el más trágico porque no está en el juego por interés ni por miedo, sino por compasión, lo que hace que su sufrimiento sea más profundo y silencioso. Es el que más sufre y, sin embargo, el que más tarda en ver que no puede salvar a quien no quiere ser salvado. Porque mientras más se sacrifica, más necesita creer que su sacrificio ha tenido la pena, ha valido la pena y entra en una espiral que solo termina cuando es completamente desechada esta persona por el narcisista, cosa que no ocurre hasta que el narcisista ha podido explotar toda esa compasión, hasta la última gota, hasta dejar a esa persona completamente drenada. En quinto lugar, tenemos el beta racionalizador, que es común encontrarlo en entornos, sobre todo, laborales. Son los que confunden el abuso con carácter fuerte y justifican sus acciones porque alguien tiene que poner orden. Este tipo de beta es un profundo analítico e intenta justificar el comportamiento narcisista de forma lógica. A menudo se siente atraído por la eficiencia, por la estructura que el narcisista parece imponer. Piensa que hace las cosas, hacer las cosas al modo del narcisista es la única forma de lograr buenos resultados. Es el abogado del diablo, se enfoca en los resultados y se convence de que el abuso es un mal necesario para alcanzar la eficiencia y el éxito. Piensa que si el narcisista no tuviera todo bajo control, todo podría desmoronarse. El problema de este tipo de beta es que se pierde en la racionalización y deja de ver el sufrimiento humano que este produce por el camino, los cadáveres que va dejando a su paso. Al hacerlo, no solo encubre las malas acciones, sino que también se convierte en cómplice del narcisista, ayudando al líder a mantener su control sin cuestionarlo, pero lo hace sin sentirse culpable, porque justamente la justificación intelectual lo hace sentirse inmune a la culpa. Su lema sería algo así como estamos trabajando para algo más grande que nosotros mismos. Eso es lo que se dice a sí mismo, al menos mientras las víctimas se acumulan a su alrededor. En sexto lugar, está el beta espejo, aquel que admira tanto al narcisista que intenta parecerse a él. Lo admira, lo valida, amplifica la imagen del narcisista, copia su forma de hablar, sus gestos, sus ideas, sus frases, incluso a lo mejor hasta su forma de vestir. Es el más peligroso de todos porque puede convertirse con el tiempo en un nuevo narcisista. El beta espejo no solo refuerza la autoestima del narcisista, sino que se disuelve en su identidad. Es la calca de su mentor. Y decimos que es el más peligroso porque aquí viene el séptimo tipo de beta, el beta reflejo, al que también podríamos llamar el aprendiz narcisista y que es una evolución del beta espejo, pero más avanzada. Es un 2.0, por así decirlo. Ya no solo imita al narcisista, sino que se identifica con él. Ha internalizado su modo de ver el mundo y empieza a tratar a los demás con la misma frialdad y superioridad, porque su única aspiración en la vida es ser igual que su mentor. Se identifica con él en su seguridad y también como agresor o abusador también se identifica. Él se identifica con el narcisista y el narcisista ve en este tipo de beta a alguien como él, un espejo proyectivo de su imagen, y como él se ama tanto a sí mismo, el narcisista, pues ama de la misma forma a su beta como una extensión de sí mismo. Al menos al principio, y si no se huele, que en algún momento quiera o pueda desbancarle. Vayamos por el octavo, el beta instrumental, a quien también podríamos llamar el brazo ejecutor. Este es el que hace el trabajo sucio. ¿Hay que echar a alguien? Pues el narcisista le mandará que lo haga él y él lo hará con mucho gusto. El narcisista lo manipula para atacar, para excluir, desprestigiar a quienes considera una amenaza, y esto no lo convierte en el más malo de la película porque es otra víctima, víctima de la manipulación. Porque el narcisista le convence de que haciendo eso actúa por justicia. Lo que sucede is que para el narcisista hoy es justo una cosa y mañana es otra, depende de lo que le convenga en cada momento. Hoy ataca a alguien por hacer algo, por ello se convierte en la peor persona del mundo. Sin embargo, mañana él hace lo mismo y tiene justificación para hacerlo. El beta instrumental es un mandado, anda, como mandado, cree que no tiene culpa porque fue mandado por otro. Eso es muy habitual observarlo, sobre todo en los cuerpos policiales. Sin embargo, forma parte de la maquinaria del abuso. El beta instrumental es un abusador, aunque no sea plenamente consciente de ello. Y si tuviéramos que señalar al beta más culpable de todos, ese es el beta culpable. Este, pues, sabe que el narcisista está haciendo, sabe lo que está haciendo, pero no se atreve a intervenir porque se convence de que es mejor no meterse, que no es asunto suyo. Su rol pasivo sostiene el sistema de abuso narcisista por omisión, no por acción. Este tipo de beta ha sido descrito como el espectador del abuso, forma parte de una dinámica de silencio donde la inacción perpetúa el daño. Y lo que diferencia al beta culpable de los otros betas es que mientras los otros pueden estar, sobre todo, motivados por una necesidad de pertenecer, de obtener recompensas, de sentirse útiles, el beta culpable sabe que lo que está ocurriendo es injusto, pero se autojustifica con excusas como no es mi responsabilidad intervenir, o pues ya se encargará a otro de hacerlo. Este fenómeno tiene su base en lo que se denomina el efecto bystander o efecto espectador, un concepto de la psicología social que sugiere que cuantas más personas han observado o están observando una situación de abuso o injusticia, menos probable es que alguien intervenga. La razón está en que el beta culpable siente que su intervención no cambiará nada o peor aún, que podría empeorar las cosas. La inacción del beta culpable refuerza el sistema de abuso del narcisista, porque aunque no participa activamente, su silencio y pasividad son parte fundamental de lo que permite que el narcisista continúe con su manipulación, con su abuso. Y por último, tenemos el beta estratégico, que en este caso podríamos llegar a decir que es el peor tipo de beta, e incluso peor que el propio narcisista. Este último sabe perfectamente quién es el narcisista, pero decide mantenerse cerca por pura conveniencia táctica. No hay admiración, no hay miedo, sino cálculo estratégico. ¿Y qué hay detrás del beta estratégico? Pues rasgos maquiavélicos. Suele ser un abusador en potencia peor que el propio narcisista que espera el momento de oportunidad para en momentos bajos dar la estocada final al narcisista para quedarse con su puesto. Y lo que en realidad está pasando es que utiliza al narcisista y le sirve en tanto él lo necesite. Cuando ya no le es útil, pues cambia de bando sin remordimientos y muchas veces acaban sustituyéndolo, pero no para ofrecer un liderazgo mejor, sino todo lo contrario, suelen ser más despiadados, manipuladores, calculadores que el propio narcisista al que reemplazan. El beta estratégico es un maestro de la manipulación, mayor maestro que el narcisista y de hecho suele poder manipular al propio narcisista. En ocasiones toma el rol de consejero, confidente, se gana la confianza del narcisista para influir en sus decisiones, para dirigir los hilos del poder a su favor, sabe leer las vulnerabilidades del narcisista y utilizarlas para orientar sus acciones hacia sus propios intereses, mientras hace creer al narcisista que está trabajando en su beneficio. Este tipo de beta, al estar tan bien entrenado en el juego del poder, no necesita actuar de manera obvia o agresiva. Su táctica se basa en el control silencioso, en sembrar dudas, en ofrecer soluciones que favorecen sus objetivos y en desestabilizar a sus competidores o aliados. Es un manipulador sin remordimientos, va siempre un paso por delante, jugando la carta de la fialdad y la estrategia. El beta estratégico es, por tanto, uno de los perfiles más peligrosos porque no solo alimenta el sistema narcisista, sino que también al mismo tiempo es capaz de sabotearlo en el momento que le deja de ser útil, sin dudarlo ni un segundo, justamente para su propio beneficio, para sustituir al otro. Esto crea una dinámica de traición constante dentro del círculo, en la que las lealtades son frágiles y las alianzas son temporales, todo en nombre de los propios intereses. Por tanto, es un conspirador nato. Y cuando llega al poder, como decimos, suele ser más autoritario, menos empático y más cruel que el propio narcisista. Su objetivo no es construir un sistema más sano, sino mantener y consolidar su propio dominio, utilizando las mismas tácticas de manipulación que empleaba el narcisista, pero con mayor sutileza. Es más sutil. ¿Dónde solemos encontrar este tipo de beta? Pues en entornos empresariales y en entornos políticos, en entornos donde las lealtades no son sinceras, las alianzas solo son convenientes y el único interés que existe es avanzar, subir en la jerarquía. Y en su conjunto, estos 10 tipos de beta forman parte de lo que podríamos denominar el ecosistema del narcisista, una red funcional que lo protege, lo alimenta y le permite sostener su dominio. El narcisista es el centro y los betas son el engranaje. Pero aunque el narcisista piense que todos sustentan su poder, cuidado, la traición acecha donde menos lo espera y nunca es para mejor, sino para peor, como ya lo hemos podido ver. Pero cómo logra el narcisista reclutar y mantener a estos betas, incluso pasar años en esa situación, cómo logra mantenerlos bajo su dominio. Pues manipulación psicológica. Si perciben que alguien necesita aprobación, le darán dosis de halagos. Si notan miedo, ofrecerán protección. Si ven ambición, prometerán recompensas. El refuerzo intermitente, un principio descrito por los conductistas, es una de sus herramientas más eficaces. Alternan momentos de atención y aprecio, de cariño y frialdad, hasta crear lo que podríamos denominar una adicción emocional. Este va y ven, este ciclo de ideación y de evaluación es lo que mantiene a los betas engañados y confundidos. Nunca saben si están en gracia o en desgracia. Esa ambigüedad los paraliza y los esclaviza. Y cuando empiezan a ver de qué van las cosas, usan tres técnicas. Primero está el chantaje emocional. Después de todo lo que he hecho por ti, así me lo pagas. O recuerdas todo lo que te he dado, te vas a ir ahora, que es cuando más lo necesito. Pues este tipo de frases cargadas de culpa ponen al beta en una posición de deuda emocional. Y el narcisista sabe perfectamente cómo apelar a la vergüenza y a la culpa para que no se atreva a romper el círculo. El beta cree que está en deuda con el narcisista por todo lo que supuestamente ha recibido, que no ha recibido tanto y además siempre ha sido de forma utilitaria. En segundo lugar, manipulan la verdad. Los narcisistas se especializan en sembrar desinformación, en manipular los hechos, en ocultar información clave y en crear discordia, si hace falta, para salirse con la suya. Esto hace que el beta desconfíe de los demás, se aísle de su grupo social y desconfíe muchas veces de su propio criterio, quedando a merced de la manipulación narcisista. Y la tercera, más sofisticada, en su día hablamos acerca de ello, es el gaslighting o luz de gas, que desmonta la poca confianza que el beta tenga en sí mismo. Se lleva a cabo con frases como tú exageras, te lo tomas todo a la tremenda, siempre te lo tomas como algo personal, sin mí no sabrías qué hacer. Todas estas tácticas son estrategias profundamente destructivas porque hacen que el beta se sienta atrapado y culpable por intentar distanciarse, que sería lo más sano, o por querer cuestionar el comportamiento del narcisista. Y todo ello genera una confusión en el beta, ya que el narcisista, siendo agresor, siendo el abusivo, se presenta como víctima incomprendida y, en ocasiones, también a la vez como salvador y como líder visionario, las tres cosas al mismo tiempo. Y mientras más tiempo pasa el beta en esta situación, más se convence de la idea de que no sabría existir sin el manipulador narcisista. Y es que, como ya he dicho antes, el refuerzo intermitente es una de las herramientas más efectivas del narcisista. Es una táctica que crea dependencia emocional. Además, en ocasiones les hace sentir a los betas que son especiales por formar parte de su núcleo. Nosotros somos los mejores, los demás son los malos, los demás incluso hasta puede dar la sensación de que contaminan, ¿no? Contaminan tus pensamientos, tu forma de sentir. Somos los que sí entendemos, los que ven, los iluminados, los que tienen la razón. Los demás nos tienen envidia. Con todo esto, pues pueden imaginarse la inestabilidad emocional que algunos ofrece betas que acabamos de describir sufren. Tanto así que por depender, por estar esclavizados de ese refuerzo intermitente, llegan a perder su brújula moral. Ya no saben qué está bien, qué está mal, de forma que es el narcisista quien les dice qué está bien y qué está mal y qué pensar en cada momento, en cada situación que se presente, en función de sus intereses. Imagínense cuando hablamos de narcisistas que son líderes religiosos y que hacen perder la brújula moral de sus fieles, ¿no? De los fieles, pues es tremendo. Y lo más trágico es que después de utilizarlos, cuando ya no los necesita, los descarta sin remordimiento. Entonces los betas quedan vacíos, confusos y muchas veces con sentimiento de culpa. Algunos incluso desarrollan síntomas depresivos, ansiosos o estrés postraumático tras la ruptura de esa relación. Por esa razón, hoy más que nunca es esencial reconocer las señales. Y aprender a no ser cómplices involuntarios del narcisismo. Y llegamos a una de las preguntas, yo creo, más importantes de la noche. Si ya hemos detectado al narcisista las señales tempranas de manipulación, el refuerzo intermitente, las dinámicas de idealización, de evaluación descarte, la luz de gas, formas sutiles de control, cómo salimos de su círculo, cómo desintoxicarse. Porque en un momento dado absolutamente todos podemos convertirnos en peones del narcisismo si no somos intencionales en detectar estas señales y después en salir de esa dinámica tóxica. En primer lugar, pues es importante que aprendamos a decir no, sin sentir culpa por poner límites sanos. Decir no nos protege a nosotros y protege a los demás frente al abuso. Eso puede a veces requerir que sea paulatino, progresivo, pero es importante entrenarse en poner límites sanos. Está claro que no le gustará al narcisista, eso es así, pero debemos saber que la relación se romperá en algún momento, es inevitable, y además el narcisista buscará desprestigiarte como venganza por no haber servido a sus intereses. Aunque el desprestigio no es lo peor que pueden llegar a hacer, porque cuando se ponen agresivos, ahí es cuando se pone verdaderamente intensa la cosa. En segundo lugar, es importante asumir responsabilidad sin culpa. Necesitamos aprender de lo que hemos vivido, reconocer que participamos en cosas que no fueron demasiado bonitas, y nuestra propia identidad se construye desde la honestidad con uno mismo y también con los demás. Y por tanto hay que intentar hacer enmienda en la medida de lo posible por los males que se hayan podido causar en el pasado, en los cuales haya participado de forma muchas veces, como hemos dicho, involuntaria. En tercer lugar, debemos decir que no basta con distanciarse del narcisista. Hace falta sanar las partes de uno mismo que lo necesitaron para no caer en las redes de ningún otro narcisista en el futuro. Y en este punto es donde muchos fallan, porque creen que alejarse del narcisista resolverá el problema. Pero la verdadera sanación va mucho más allá de cortar el contacto. Es crucial sanar las heridas emocionales que nos hicieron susceptibles de caer en la trampa narcisista. Esto implica autoconocimiento, implica autoaceptación e implica recuperación emocional. Digamos que suplir esas necesidades de una forma sana y sin requerir ese tipo de dinámicas tóxicas. Si no nos enfrentamos a esas partes vulnerables de nuestra psique, es probable que sin quererlo sigamos repitiendo patrones destructivos, buscando inconscientemente relaciones que replicarán los mismos ciclos abusivos. O sea, vamos a buscar otro narcisista que supla el vacío que estaba antes cubriendo el narcisista anterior. Y la clave aquí está en reconocer qué necesidades emocionales fueron explotadas y trabajar en ellas desde un lugar sano. Muchas veces el narcisista se aprovecha de inseguridades, de la necesidad de validación, de nuestra tendencia a compadecer a los demás y reconocer estas debilidades es el primer paso para sanar estas vulnerabilidades emocionales. Además, es importante que no se quede solo en un trabajo de introspección, porque siempre hay una zona que es ciega para nosotros. Por esa razón es necesario buscar ayuda profesional, buscar ayuda psicológica. Además, el apoyo terapéutico es una herramienta de valor incalculable cuando hablamos de superar las secuelas psicológicas que dejan las relaciones con narcisistas. Entre otras, el trastorno es postraumático complejo. Y como complemento a esa terapia, es importante rodearse de personas sanas y empáticas. Después de una relación con un narcisista, tendemos a desconfiar de los demás, a sentirnos aislados orectados. Sin embargo, es vital reconstruir una red de apoyo emocional en la que podemos confiar andar a sentir las relaciones sanas are. Estas personas deben poder respetar nuestros límites, ayudarnos a reforzar nuestra autoestima and brindar apoyo in moments of flaqueza. Esto lo digo porque in occasiones, when el narcisista cae en desgracia y pierde a su séquito, es probable que vuelva a tocar nuestra puerta, and we estar preparados para rechazar ese ofrecimiento. Y pueden hacerlo a pesar de haberse comportado extremadamente fatal. Incluso puede que pidan perdón, pero solo es una fachada para recuperar el séquito perdido. Eso les ayuda a recuperar un poco la estabilidad emocional, porque obviamente en épocas bajas se sienten mal, y para pues una vez que se sientan fuertes otra vez, lo que quieren es volver a las andadas. Así que cuidado. Y aquí aplica el lema de las segundas partes que nunca fueron buenas. Por eso, una vez terminada la relación con un narcisista, lo mejor es no dejar ningún canal abierto y cerrar ese capítulo de esa vida para siempre. Porque finalmente es importante reconocer el derecho a ser tratados con respeto y entender que somos dignos de relaciones de respeto mutuo y de reciprocidad, que es uno de los pilares sobre los que podremos construir un futuro emocional estable. Recuperar el poder de nuestra psique implica reaprender el valor de la reciprocidad. Las relaciones sanas no se sostienen en la admiración ni en la jerarquía, sino en el respeto mutuo. Y la buena noticia detrás de todos estos consejos es que sí podemos evitar caer en la trampa del narcisista. Podemos evitarlo. Y si hemos caído, igualmente también hay salida. Y pensemos que la verdadera revolución no está en señalar al narcisista, que es lo que hacen todos esos vídeos que son virales sobre el tema, como hacen todos esos vídeos, sino en no prestarle escenario. Dejar de aplaudir a quien humilla, dejar de justificar al que manipula, dejar de seguir a quien solo busca ser adorado y cerrar cualquier canal abierto que pueda alimentar su ecosistema. Cada vez que decimos no, por tanto, a un narcisista, en realidad estamos diciendo sí a una sociedad más sana y más libre. Para nosotros y para los demás, para aquellos que en un principio no sienten la valentía necesaria para plantar cara a la dominación y a la manipulación. Y ya saben, pues todos los miércoles en la psicoteca, aquí en La Voz, tocamos temas de estricta necesidad para nuestro bienestar personal. Por esa razón les emplazamos a esta cita semanal. No falten, porque lo que sí es seguro, don César, es que nosotros acudiremos, como siempre, a la cita.
SPEAKER_01Por supuesto que sí. Y yo le voy a dejar hoy un tema que es un tema muy especial, es un tema de Ethelbernevin, que se llama precisamente Narciso. Es un tema para piano y, en fin, lo va a encontrar usted interesante. Un abrazo muy fuerte y nos encontramos la semana que viene, Dios mediante. Hasta la semana que viene. Y con estos compases verdaderamente notables de esa pieza para piano titulada Narciso. Hemos llegado nosotros al final de nuestra sigladura del programa La Voz. Esperamos que lo hayan pasado bien, que se hayan entretenido, que incluso hayan aprendido una o dos cosillas útiles. Y los emplazamos para mañana, Dios mediante, en el mismo lugar y a la misma hora. Y como siempre, nos despedimos con una despedida sureña. Gata Blessia. Que Dios los bendiga.
SPEAKER_00El programa La Voz es una producción de Artorius Incorporated y al amparo del derecho a la libertad de expresión. No se hace responsable de las opiniones vertidas en el curso del mismo.